La fascitis plantar es una dolorosa patología que te puede dejar sin correr. Aquí te contamos cómo prevenirla y tratarla.

Levantarse con gran entusiasmo y energía para salir a correr y sentir un fuerte dolor al momento de apoyar la planta del pie, a la altura del talón, es muy frustrante. Y si la molestia persiste puede arruinar nuestro deseo de aplanar calles.

Si los síntomas se repiten con el paso de los días es altamente probable que se trate de una fascitis plantar, que afecta al 10% de los corredores. Rodrigo Melo, traumatólogo de Clínica MEDS, se refiere a esta patología: “Es una enfermedad producida en una estructura anatómica normal de la planta del pie llamada fascia plantar. Esta sufre un proceso inflamatorio-degenerativo, especialmente en la zona de inserción de esta estructura con el hueso calcáneo, en la región plantar del talón”.

Explica también que la fascia plantar es una estructura primordial en el trabajo del pie durante la marcha y al correr. “Es fundamental en la etapa de despegue, donde participa en la transmisión de las fuerzas desde el complejo muscular gastrosóleo (o tríceps sural). De ahí que sea frecuente en corredores, ya que ellos exigen esta estructura durante la práctica del running”, afirma.

Su síntoma principal es el dolor en la región plantar del talón, especialmente al iniciarse la actividad. Por ejemplo, aparece durante el primer apoyo del pie en la mañana o al iniciar la marcha.

Diversas Causas

Juan González, kinesiólogo y terapeuta manual de Medpro Clínica, señala que sus causas son muchas. “Un factor que la predispone es la falta de elongación de los tríceps sural, ya que tienen directa relación en la tensión de la musculatura con la planta del pie, y viceversa. Otra razón es una inestabilidad crónica del tobillo, debido a repetitivos esguinces o a un mal tratamiento en la zona, dando paso a inestabilidades y a un pie más rígido que le cuesta deformarse o adelantarse a sucesos de inestabilidad. Una tercera causa es el cambio abrupto del modelo de calzado deportivo, ante lo cual el pie se ve obligado a adaptarse rápidamente a la nueva estructura, provocando compensaciones en su interior (haciendo más rígidas o más móviles las articulaciones)”, comenta.

Que el runner pueda o no seguir corriendo dependerá de la intensidad del dolor generado. El Dr. Melo añade: “En general, si el dolor es tolerable o controlable se puede continuar la práctica deportiva. Pero si es intenso, se sugiere su suspensión del trote hasta observarse los resultados del tratamiento”.
A su juicio, para prevenir su aparición los runners deben realizar ejercicios correctos de elongación de la fascia plantar y de la musculatura gemelar, usar las zapatillas adecuadas y corregir las alteraciones de apoyo que pudiesen tener.

Con el mismo objetivo, González sugiere a los corredores automasajearse con una pelotita de golf o beisbol, o con una botella de agua congelada, para mejorar la condición de la planta del pie. Y a las mujeres, les recomienda usar tacos por menos tiempo y mantener una buena elongación de los tríceps sural. Además, aconseja un cambio progresivo de las zapatillas.

Opciones de Tratamiento

¿En qué consiste su tratamiento médico y kinésico? “Este es fundamentalmente médico o conservador, obteniéndose buenos resultados hasta el 95% de los casos, aunque en ocasiones en un largo período de tiempo, que puede extenderse por 6 y hasta 12 meses”, asegura el especialista de MEDS. El tratamiento implica la corrección de las alteraciones del apoyo con el empleo de plantillas, pudiéndose agregar el uso de analgésicos-antiinflamatorios y/o de un sistema de amortiguación de la fascia plantar y de férulas nocturnas de elongación de la misma.

Añade que la fase principal del tratamiento es la kinésica, que consiste en la realización de ejercicios de elongación de la fascia plantar y de la musculatura gemelar e intrínseca del pie (musculo flexor corto de los dedos). Esto, para disminuir la tracción de la fascia plantar y de la musculatura intrínseca durante la fase de despegue del pie. “También está descrita la infiltración con corticoides de la zona afectada, lo que aún es muy discutido debido a su baja tasa de éxito y la existencia de riesgos en el procedimiento”, advierte.
A su vez, el kinesiólogo de Medpro Clínica sostiene que el tratamiento depende de cada persona y condición. “Generalmente los resultados son muy buenos, ya que el trabajo se enfoca en disminuir los factores que están afectando la tensión de la planta del pie y no solo en tratar esta zona. Consideremos que el dolor en la planta muchas veces es un síntoma y no la causa, por lo que el tratamiento va desde la evaluación estructural del pie, tobillo, rodilla, cadera y columna vertebral, hasta el análisis de las zapatillas, calcetín, plantilla, detalles técnicos como la forma de pisada, técnica de trote, o actividades extra que el corredor realiza durante el día a día”, revela.

Nuevas Soluciones

En caso que el runner no responda adecuadamente a los tratamientos conservadores habituales (principalmente kinésico), y antes de planear una cirugía, el Dr. Melo señala que se pueden probar tratamientos desarrollados en los últimos años, como el uso de ondas de choque. Complementa: “Esto consiste en la aplicación de ondas de ultrasonido en los tejidos afectados, buscando una respuesta reparativa de los mismos. Tiene la ventaja de ser un procedimiento no invasivo, con mínimas molestias y riesgo”.

También sobre terapias alternativas, Juan González hace referencia a numerosas publicaciones de los últimos años que plantean el uso de ejercicios de elongación, el fortalecimiento de la musculatura intrínseca de la pierna y pie, y el empleo de nuevas tecnologías como las ondas de choque.

Al respecto, apunta que “hay que entender cabalmente este problema, ya que la lesión o el dolor es solo la punta del iceberg, es solo una consecuencia. En ese sentido, hay un gran número de terapias como la kinesiología, osteopatía, quiropraxia y acupuntura, entre muchas otras, que nos ayudan a trabajar sobre el origen del problema, por lo que nuestras terapias en Medpro están enfocadas a realizar y practicar un tratamiento causal específico. Este se complementa con el uso de terapias que consideremos mejor para la persona, para mantener la condición del tobillo y pie de la mejor forma posible”.