Entérate si el running es un factor de riesgo para su aparición o si es conveniente que personas con esta patología lo practiquen.

Ninguna enfermedad es bienvenida pero la artrosis debe estar entre las más temidas. Y cómo no, si se trata de una patología degenerativa del cartílago articular, que va disminuyendo su espesor y funcionalidad en forma paulatina a través del tiempo. Este cartílago es una estructura que permite el movimiento articular con el menor coeficiente de roce conocido.
Para peor, no posee cura conocida.
Christián Häberle, Traumatólogo de Clínica MEDS, comenta que “esta enfermedad se encuentra con mayor frecuencia en rodillas, cadera, columna y manos, que son los puntos sometidos a más carga en forma sostenida y repetitiva. Existen muchos factores que influyen en su aparición: genéticos, edad, enfermedades reumatológicas como la artritis reumatoide, traumatismos de articulaciones (fracturas que comprometan la superficie articular), obesidad y sedentarismo”.

Estudios Contradictorios

Un reciente estudio publicado en el “Journal of Clinical Epidemiology” concluyó que sí existe una correlación entre correr y la artrosis. Su informe final revela que correr más de 30 kilómetros a la semana duplica la probabilidad que hombres menores a 50 años la padezcan, sin ofrecer conclusiones fundadas en los casos de mujeres y hombres de más de 50 años.
Otro estudio aparecido en la revista “Medicine & Science in Sports and Exercise”, realizado en Estados Unidos con una muestra de 75.000 corredores y 15.000 personas que solo caminaban, llegó a una conclusión distinta: los runners -aun superando los 30 km semanales- presentan un menor riesgo de desarrollar artrosis o necesitar una prótesis de cadera a largo plazo. Una de las principales razones es el menor índice de masa corporal de los corredores, ya que el sobrepeso y la obesidad son dos de los principales factores de riesgo para desarrollar esta enfermedad.
A juicio del especialista de MEDS, la práctica deportiva es esencial en el tratamiento de la artrosis, ya que estimula la lubricación y la nutrición del cartílago. Agrega: “el ejercicio idealmente debe ser de bajo impacto y ayudar al trofismo (fuerza) muscular. Si bien el running es una actividad que involucra impacto, existen estudios que revelan que en rodillas sanas no se produciría artrosis, pero no existe evidencia sobre que sea factor protector ni de riesgo en relación al deterioro articular. Por eso su recomendación es relativa, dependiendo del grado, ubicación, masa corporal, superficie de práctica deportiva, frecuencia…”.
En relación a lo anterior, sostiene que debe ser un equipo multidisciplinario de preparadores físicos, kinesiólogos y médicos el que determine si la persona con artrosis está en condiciones o no de practicar running. Si corre, no debe sobreexigirse y sobrecargar las articulaciones. “Debe mezclar rutinas de elongación y bajo impacto, como por ejemplo la natación para mejorar su condición física, evitando los cambios bruscos de rutina de trabajo, dado que por su condición no los soportará en forma adecuada y tendrá dolor e inflamación articular. Y debe realizar un programa de elongación permanente, puesto que la artrosis conlleva rigidez articular”, recomienda Häberle.

Su Tratamiento

Si bien no existe un tratamiento curativo, la artrosis se puede manejar con productos paliativos como los antinflamatorios, que tienen un rol regulador. El traumatólogo plantea que “también existen medicamentos como los aceites insaponificables, glucosamina y diancerina, los cuales por distintas mecanismos actúan como ‘protector’ del colágeno articular, sin embargo su uso y utilidad es muy acotada”.
Lo más innovador para su tratamiento es el uso de factores plaquetarios que se obtienen de sangre periférica. “Este es un medicamento de uso restringido que ha dado resultados muy esperanzadores, regulando la inflamación articular, aunque los mecanismos de acción no son del todo conocidos”, precisa.
Desde el punto de vista kinésico, asegura que los pilares del tratamiento son el fortalecimiento muscular para la estabilización articular, la elongación para disminuir la rigidez, y la propiocepción, que es la regulación del movimiento en el espacio. “Todo esto llevado a cabo con el menor impacto posible”, subraya el médico.