Las ampollas, callosidades, uñas negras y otras lesiones en los pies son frecuentes entre los corredores si no se aplican medidas para evitar su aparición. Aquí te contamos cómo prevenirlas y tratarlas.

Aplicar vaselina sólida, usar un número más de zapatillas, ponerse calcetas de algodón sin costuras, ir al podólogo una vez al mes a limar uñas y masajear las plantas…
Son algunas de las “recetas” a los problemas podológicos o de pie que recomiendan y aplican los propios corredores para prevenir la aparición de ampollas, callosidades, uñas negras u otras dolencias agrupadas bajo esa categoría.
Desde el punto de vista médico, el Dr. Rodrigo Melo, traumatólogo de Clínica MEDS, detalla que las principales lesiones podológicas que pueden sufrir los runners son “la aparición de flictenas (o ampollas), zonas de hiperqueratosis (o callosidades) y alteraciones ungueales (propias de las uñas). Dentro de estas últimas las más frecuentes son el dolor ungueal, abrasión de láminas ungueales, onicocriptosis (“uña encarnada”) y hematomas subungueales (“uñas negras”).

¿Por qué se Producen?

El especialista en pie y tobillo explica que la aparición de ampollas está determinada, principalmente, por la superficie en que se corre (más frecuentes en runners que ocupan superficies sintéticas) y las zapatillas usadas. “Se producen porque el pie se desliza dentro del calzado, generando fricción de la piel y desprendimiento de la misma”, comenta.

Las callosidades surgen vinculadas a áreas de aumento de apoyo del pie, lo que habitualmente se traduce en alteraciones de apoyo en su parte delantera, media o retropié, tanto de forma estática o dinámica. También podrían producirse por la utilización de calzado inadecuado. 

A su vez, las alteraciones ungueales suelen tener como causas la hiperextensión de los dedos durante al trote, los cuales rozan con la zona dorsal del calzado, o el choque de los dedos contra la punta de la zapatilla por deslizamiento del pie dentro de ésta.

Como es de suponer, la prevención de las ampollas pasa por evitar que el pie se deslice dentro de la zapatilla. “Para esto se pueden aplicar lubricantes que eliminan la fricción o utilizar doble calceta. También hay que considerar el cambio de la superficie de entrenamiento”, aconseja el Dr. Melo.
Añade que la hiperqueratosis se previene corrigiendo las alteraciones de apoyo del pie, lo que se puede lograr eligiendo las zapatillas adecuadas o utilizando una plantilla de descarga. Y las alteraciones ungueales se logran evitar con el uso de una plantilla con descarga metatarsal que disminuya la hiperextensión de los dedos durante el trote. Además es fundamental la elección de un calzado que impida el golpe de la punta de los dedos contra éste.

Tratamientos

Para el caso de las callosidades y lesiones ungueales, el facultativo de MEDS revela que si las medidas preventivas y/o de manejo general no dan resultado, presentándose de manera reiterada una u otra dolencia, es posible realizar un manejo quirúrgico. Y las ampollas, una vez aparecidas, se tratan drenando su contenido líquido con una aguja estéril y cubriéndolas con un sistema de acolchado adherente hasta que se curen.
¿Pueden estos problemas obligar a un corredor a una para momentánea o prolongada? “Cualquiera de estas lesiones puede provocar dolor, siendo éste el principal determinante para dejar de correr por un tiempo. Las ampollas, en particular, son capaces de impedir la práctica del trote si son de gran tamaño, afectan áreas de apoyo y producen dolor, obligando al runner a detener el entrenamiento hasta su curación”, acota.

*Artículo publicado en Run for Life n° 37, agosto 2014.