Cuando se cumple un objetivo o una meta, el cerebro necesita rápidamente un siguiente desafío. Así se puede enfrentar, por ejemplo, la “depresión post maratón”.

Por Rodrigo A. Cauas E.
Psicología & Coaching Deportivo
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Una de las tantas aplicaciones prácticas obtenidas del auge que está teniendo el desarrollo de las neurociencias es que, entre otras cosas, nos permite entender mucho más acerca de cómo funciona nuestro cerebro. Se estima, por ejemplo, que en los últimos diez años se ha podido saber mucho más que en toda la historia sobre cómo reacciona el cerebro frente a las distintas circunstancias que nos rodean.
Y esto es mucho más fascinante aún, cuando nos contextualizamos en el deporte, ya que es una actividad cuyo “consumo” se va generando a medida que se van experimentando las emociones. Por lo tanto, el cómo influye la mente (pensamiento y emociones) en nuestro cerebro (“cableado” interior) es muy relevante para el trabajo psicológico.

Entre las muchas cosas que se ha podido saber es que cuando se cumple un objetivo o una meta, el cerebro necesita rápidamente el siguiente desafío para seguir funcionando bien. Como que de alguna forma el cerebro y su sistema de recompensas, que se activa rápidamente, necesita emprender un nuevo camino, un nuevo trazado.

Esto es lo que impulsa a los runners y maratonistas a ir por otro desafío constantemente, a pesar de que el sufrimiento durante la carrera vaya descartando esta opción.
Por ello es que empezaremos recomendando aceptar este desafío que propone el cerebro al finalizar una carrera, ya que casi naturalmente todo fin de proceso debe conllevar casi de manera implícita el siguiente foco o desafío. Más aún, cuando contamos con una “mente” que influye sobre nuestro cerebro, que viene programado de manera negativa y preparado para ayudarnos en la sobrevivencia. La neurología de nuestro cerebro necesita el gran sueño (la meta) y el día a día (los objetivos).
Pero no todo es tan sencillo, ya que el cerebro posee energía dispuesta casi exclusivamente para ayudarnos y alertarnos del peligro (sobrevivencia), por tanto necesitamos de manera cotidiana “convencerlo” de que destine energía también para correr nuevamente un maratón. Esto será posible si lo planificamos de manera anticipada, ya que de alguna forma el cerebro necesitará tiempo para reasignar su “presupuesto energético” y ceder ante la imposición de la mente para que lo haga.

Plan de Acción

Frente a lo anterior, la pregunta es cómo hacerlo. En una actividad como el running resulta más fácil cuantificar un logro. En artículos anteriores hemos expuesto que este deporte permite, en base a distintos criterios, establecer objetivos y metas claras (cantidad de tiempo, kilómetros a la semana, un maratón específico en algún lugar deseado, etc.). Esto posibilita comenzar a prepararse con patrones claros y orientarse hacia algo, es decir, generar lo que se denomina el plan de acción.
En la actividad deportiva este hecho cobra una relevancia máxima, ya que el esfuerzo, la tolerancia al dolor, la autoconfianza, la concentración, la determinación (como variables psicológicas) o el equilibrio, la fuerza o la elasticidad (como conceptos físicos) pueden sufrir importantes mermas si no se programan de manera eficiente las sesiones de entrenamientos y las competiciones.
Lo primero que debe hacer un corredor es atreverse a plasmar los sueños y tomar firmemente en cuenta la última estación a la que se puede o desearía llegar. A lo largo de estos años se ha podido vislumbrar como un número importante de corredores incipientes, que han tenido en mente sólo realizar un ejercicio físico, con el transcurso de semanas y meses se establecen como meta correr decisivamente con tiempos y distancias más exigentes y posteriormente plasmar eso en una maratón.

Recomendaciones

Considerando lo señalado, recomendamos una serie de tips para reactivar el deseo en el próximo desafío:
• Permitirse antes de “recomenzar” un descanso activo, es decir, seguir realizando algún tipo de actividad deportiva, pero sin la presión de lograr objetivos. Esto permitirá satisfacer al cuerpo de la “adicción” que ya tiene a la endorfina y evitar lo que se denomina “depresión post maratón”.
• Establecer primero la meta, es decir, la consecución final que se desea obtener en este nuevo proceso.
• Una vez establecida la meta, se puede trabajar en torno a los objetivos, que son todos aquellos desafíos que conducirán a la meta y que pueden ser de distintas áreas del entrenamiento: nutrición, físico, técnico, psicológico, etc.
• Posteriormente debe establecerse el plan de acción para cumplir con cada uno de los objetivos visualizados en el paso anterior.
• Una actividad que ayuda mucho a completar esta planificación es pensar en las dificultades que podrían presentarse durante este nuevo proceso (para intentar prever las soluciones) y pensar además en aquellas conductas, comportamientos y situaciones que podrían facilitar el cumplimiento de esos objetivos. Una tarea no menor que ayudará a mantener un cierto grado de autoconfianza de que la meta establecida podrá finalmente lograrse.