La metodología “¿Te Atreves a Soñar?” (TAAS) permite a los deportistas reconocer sus zonas de confort y favorece el autoliderazgo hacia los cambios y la superación. ¿La conoces?

Por Rodrigo A. Cauas E.
Psicólogo Deportivo Clínica Las Condes

Hemos descrito anteriormente algunas herramientas que han surgido desde el coaching para potenciar el rendimiento humano. Muchas de esas herramientas buscan acortar la distancia entre lo que la persona es actualmente y lo que quiere lograr, es decir, su estado ideal futuro.
Este tipo de metodología es muy bueno para los corredores de cualquier distancia, ya que muchas veces un runner o maratonista no presenta problemas, sino que necesita potenciar lo que tiene para producir resultados extraordinarios (más allá de lo común, de lo ordinario), que es una de las premisas del coaching.
Una de las dificultades para potenciarse en cualquier tipo de habilidad -sea esta psicológica, física o incluso técnica- puede verse complicada por el simple hecho de que un deportista no tenga la fuerza necesaria para comenzar o generar algún tipo de cambio. Desde el coaching se plantea en ese sentido que el deportista se encuentra cómodo, en su zona de confort.

¿Te Atreves a Soñar?

El método TAAS (¿Te atreves a soñar?) fue ideado y creado por Matti Hemmi, un finlandés que fue criado en España. Se denomina así porque busca que las personas se construyan un futuro distinto, saliendo justamente de la zona de confort. Como tal, permite a la persona (deportista) reconocer las áreas en que se siente cómodo y cómo puede favorecer el autoliderazgo hacia los cambios.
La zona de confort es un área dinámica de nuestra vida, que puede ampliarse o reducirse, donde nos sentimos cómodos y sentimos el control de las cosas. Hemmi plantea que cada persona tiene varias zonas de confort, como son la familiar, la social, la laboral; y nosotros incluimos acá la deportiva. Para un runner puede ser, por ejemplo, un horario de entrenamiento, ejecutar ciertos ejercicios técnicos, relacionarse con los compañeros o entrenadores de un team, etc. Esta zona no es buena ni mala, sino que sirve para entender cómo gestionas lo que ocurre a tu alrededor y cómo te enfrentas a los cambios. Reconocerla es importante para un runner, ya que sus decisiones pasan necesariamente por salir de la zona de confort. El ejemplo más claro es cuando se decide subir de 10K a correr un medio maratón o decididamente correr una maratón. Posteriormente incluso algunos deciden no correr más y entrenarse para competir en triatlones. Para todo esto se requiere que la persona se atreva y salga de la zona cómoda. Para algunos esta situación es más fácil que para otros, ya que una de las situaciones que impide salir de manera más fácil de la zona de confort son las creencias limitantes. Éstos son juicios que se dan por hecho sobre uno mismo, sobre los demás o sobre la realidad en general (“estas zapatillas me traen mala suerte”, “en esta distancia nunca me va bien”, etc.), los cuales muchas veces son irracionales y se convierten en verdaderas creencias, afectando el rendimiento y la posibilidad efectiva de hacer un cambio.
Para ello es importante gestionar los miedos para salir a la otra zona, denominada de aprendizaje.

Zona de Aprendizaje

La zona de aprendizaje es el espacio al que se accede cuando se sale del área de confort. El corredor se enfrenta a su zona de aprendizaje constantemente: cuando viaja a lugares nuevos a correr, o toma decisiones distintas en una carrera, o realiza cambios técnicos, etc.
Hay corredores que se resisten inicialmente a entrar a esta zona porque anticipan muchos de esos miedos. Para dar el paso se requiere tolerancia a la incertidumbre y a la menor necesidad de control de las cosas que se encuentran alrededor. Esto explica que algunas personas necesiten la presencia de un entrenador, pertenecer a un team y tener compañeros runners para generar cambios es este sentido.
Algunos deportes en que los entrenamientos son frecuentes, monótonos y muchas veces reiterativos hacen que quienes los practican sean más proclives a no modificar sus rutinas y a no generar espacios creativos. Así, los atletas tienden a permanecer en la zona de confort.
Los entrenamientos de los runners y maratonistas muchas veces responden a ese perfil, ya que apuntan a repetir una y otra vez algunos ejercicios para potenciar diversas habilidades físicas.
¿Qué podría hacer, entonces, un corredor para intentar salir de la zona de confort y avanzar hacia una etapa de aprendizaje que ayude a mejorar su rendimiento?

Siete Fases

Respondiendo a lo anterior, primero es importante establecer objetivos y metas, no sólo para las distintas carreras, sino que también para los entrenamientos. Objetivos y planes de acción realistas, medibles y objetivos ayudan a movilizarse y a no quedarse en la zona de confort.
También es clave comprender que para lograr resultados distintos, se deben hacer cosas distintas. En ese contexto, el proceso para salir de la zona de confort consta de 7 fases:

1. Shock: Ocurre cuando encuentras algunas situaciones que no habías imaginado (cambios de ruta, clima no programado, molestias físicas, etc.)
2. Negación: Actúa como mecanismo de defensa en un intento inconsciente de sabotaje que puede desencadenar un abandono (no físico de la carrera), manifestándose como el deseo de justificación para no hacer el esfuerzo en cumplir tu objetivo.
3. Frustración: Se manifiesta en emociones como rabia, tristeza o miedo (o una mezcla de ellas), así como en la idea de que “la situación ya no tiene vuelta atrás”. Eso permite romper creencias y empezar a reformular la situación para afrontarla. En algunas ocasiones este afrontamiento se focaliza en resolver el problema (lo que en una carrera es más difícil de resolver) o hacia la emoción que genera la situación, tratando de controlarla y neutralizarla.
4. Aceptación plena de lo que ha ocurrido: En esta fase se cambian las creencias y se comienza a cambiar la estrategia. Aceptación no implica resignación.
5. Aprendizaje: Es aquí cuando realmente se genera la salida de la zona de confort, al comprender que se deben realizar cambios (físicos, técnicos, estratégicos) en una carrera para enfrentar el cambio y poder seguir con el desafío competitivo. Este proceso tiene que ver con el cambio de creencia acerca de lo que sucedió y con la introducción de nuevas estrategias para afrontar el desafío.
6. Aplicación: La decisión de salir de la zona de confort para revertir el momento presente, ya está resuelta. Se toman las decisiones con mayor confianza y se comienzan a visualizar los posibles beneficios de esa decisión. Puede existir un disfrute por la toma de decisión de haber salido de la zona de confort.
7. Finalización: El cambio implantado ya se ha integrado plenamente. Ya no se analiza si fue bueno o no, sino que se focaliza y refuerza en lo positivo de salir de la zona de confort.

Estas fases son dinámicas e indudablemente una persona puede detenerse más tiempo en una etapa que otra, o en algunos casos este proceso total puede ser más largo en un momento que en otro. Todo dependerá de la facilidad y las habilidades adquiridas anteriormente para salir de la zona de confort, es decir, para transformar la dificultad en un desafío.
Un corredor está expuesto siempre, en entrenamientos y competencias, a la opción de salir o no de la zona de confort. Trabajando y desarrollando cada una de estas fases, la probabilidad de avanzar con éxito hacia la zona de aprendizaje será mayor.