El rendimiento deportivo depende de la interacción adecuada entre la activación física y sicológica y la ansiedad cognitiva, que se expresa en aspectos como la baja autoconfianza y los pensamientos negativos.

Por Rodrigo A. Cauas E.
Entrenamiento Mental Deportivo
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. - www.emd.cl

Para competir de manera óptima, un fondista que corre maratones requiere, como cualquier otro deportista, de un adecuado nivel de activación física y psicológica que le permita rendir de forma eficiente. Importantes investigaciones en psicología del deporte avalan esta posición, pero además reafirman “que los extremos activacionales (excesiva relajación o demasiada tensión) son negativos para el rendimiento deportivo”, pudiendo indirectamente afectar otras variables psicológicas como la atención-concentración.
Esto implica que el deportista tiene que buscar necesariamente una zona individual de funcionamiento óptimo (denominada por sus siglas como IZOF) entre la relajación y la activación, en la que se sienta cómodo emocional y fisiológicamente, y su rendimiento se vea fortalecido.

Este modelo teórico propuesto hace muchos años por Yuri Hanin ha sido ampliado por otros autores que han recogido distintas perspectivas para perfeccionarlo. Una de ellas es la denominada “Teoría de la Catástrofe”, de Lew Hardy. Esta conceptualización plantea que toda ejecución deportiva depende de la interacción compleja entre la activación y la ansiedad cognitiva, aquella que se manifiesta con baja autoconfianza, pensamientos negativos, pensamientos de fracaso, baja capacidad de toma de decisiones, desfocalización de la atención, bajo nivel de concentración, olvido de detalles, etc.

Dominar la Ansiedad

¿En qué momento se produce la catástrofe en el deporte? Cuando un deportista exhibe un adecuado nivel de activación con una baja ansiedad cognitiva, el rendimiento tiende a ser óptimo. El problema real se produce cuando la ansiedad cognitiva se eleva en demasía, llegando a niveles “no permitidos”, situación que es individual para cada corredor, observándose al deportista muy preocupado por detalles y situaciones anexas a la carrera o al entrenamiento. Ahí la activación también alcanza un umbral, sobrepasando el nivel máximo permitido para ese organismo, provocando una estrepitosa caída en el rendimiento deportivo.
Lo anterior se puede observar cuando un corredor debe, por ejemplo, tomar una decisión acerca de cómo enfrentar los últimos tramos de la carrera, ya que esto puede verse distorsionado. ¿De qué manera? con mucho nerviosismo expresado en ideas irracionales como “esta decisión no es la correcta”, “voy demasiado cansado”, “siempre cometo los mismos errores”, etc. Todos estos pensamientos negativos producirán una interferencia en el rendimiento deportivo, elevando la activación fisiológica (que ya estaba alta debido a la situación de la carrera), y provocarán una caída en su ejecución deportiva que puede traer como consecuencia un resultado o una marca no esperada.
¿Cómo se evita esta dificultad? Trabajando con el deportista para dominar o controlar de manera adecuada el estado cognitivo de la ansiedad; ayudándolo a identificar en todo momento los tipos de pensamientos que surgen durante los entrenamientos y competencias, en lo posible transformándolos en positivos. Esto, porque para superar el momento de catástrofe psicológica es necesario relajarse y retomar la zona individual de funcionamiento óptimo. También se suelen aplicar diversas técnicas de relajación durante la carrera y técnicas de control cognitivo o reenfoque.