Cuando una persona se dedica a correr genera cambios en su modo de vida que involucran a su entorno cercano. ¿Cómo manejar adecuadamente esta situación?

Por Rodrigo A. Cauas E.
Psicología y Coaching Deportivo
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No cabe duda que una persona dedicada a la práctica deportiva genera en su entorno más cercano (la familia, los amigos, compañeros de trabajo) un sistema distinto que compromete actitudes y conductas muy disímiles a las que tienen habitualmente los no deportistas.
Esto es más impactante aún para aquellos que de forma tardía -como suelen hacerlo muchos corredores y maratonistas hoy en día- suelen tomar la decisión de dedicarse a entrenar y a competir. Primero porque significa modificar rutinas ya establecidas en lo personal y en algunos casos muy enraizadas en lo familiar, reasignándose, en la mayoría de las situaciones, cambios en los modos de vida, en la convivencia familiar y en el tipo de alimentación.
Dichos cambios pueden ser muy gravitantes y problemáticos si no se consideran algunos elementos que a continuación se describen.

Pros y Contras

Lo primero que debe hacer una persona que comienza a correr es establecer con toda acuciosidad los cambios que esto puede implicar. Desde los entrenamientos, hasta los descansos y la alimentación. Vale decir, deben visualizarse tanto los costos como los beneficios de dedicarse a una actividad como ésta, que en el tiempo va quitando cada vez más tiempo. Para ello una de las claves es determinar la meta de todo y los objetivos que conducirán a dicha meta, ya que no será lo mismo salir a trotar sólo por prescripción médica o por cambiar hábitos de vida que entrenar cierta cantidad de horas buscando mejorar los tiempos con una exigencia competitiva.
También es necesario indagar en la familia u otras personas significativas que cumplan un rol familiar qué opinan de esta posibilidad, recogiendo opiniones y exponiendo con toda claridad los costos de este emprendimiento. En general, cuando se toma en cuenta a la familia para este tipo de decisión existe por parte de ella una mayor adherencia y colaboración. Si eso no se hace, puede generar una sensación de cambio de prioridades: si por ejemplo quién sale a correr es uno de los padres, la otra pareja o los hijos pueden percibir un sentimiento de abandono. Ahora si en la familia ya existen otros deportistas, será más fácil hacer la transición de este proceso, porque en definitiva se conocerá este particular modo de vida.
A veces resulta muy difícil comprender, por parte de los otros no deportistas, una decisión como ésta, ya que muchos de los beneficios que trae la práctica del running se obtienen, en el mejor de los casos, en el mediano plazo. Una buena herramienta para aminorar el impacto de este cambio es tratar de incorporar, en lo posible, a los demás integrantes. En el caso de los hijos sería bueno acercarlos de manera lúdica a este entorno (si es que son pequeños) o inducirlos directamente a la práctica de algún deporte. En ese sentido ha sido muy interesante observar como en las corridas familiares generalmente participan los padres con sus hijos.
En definitiva, siempre es bueno considerar que la dedicación deportiva no sólo trae importantes beneficios a nivel personal, sino que además si se canalizan de manera adecuada, puede favorecer positivamente al entorno familiar. Por ejemplo puede aumentar la vida social de pareja, ya que por medio del running se suelen crear nuevos vínculos afectivos. También la familia puede verse unida frente a un tema común, como el apoyo a uno de sus miembros en una competencia. Además, el positivo impacto que obtiene una persona deportista le permite mejorar su actitud, elevar su autoconfianza y tener adecuada empatía hacia los que conforman el ambiente inmediato.