En esta pequeña localidad de Kenia se han formado y entrenan numerosos corredores de élite, creándose una verdadera industria en torno al atletismo de fondo.

Notable corredor y humilde. También sencillo y cercano. Cuatro características que no son fáciles de encontrar en deportistas de élite pero que el keniata Eliud Kipchoge, el mejor maratonista del planeta de los últimos años, sí reúne.
Un reportaje de 2016 del Diario El Telégrafo de Ecuador daba cuenta en parte de lo anterior: “Kipchoge limpia inodoros, cocina y corta el jardín después de sus entrenamientos en el centro de Alto Rendimiento de Iten, en Kenia. Allí duerme en una cama de plaza y media, en un delgado colchón y con una pequeña almohada. Los lujos no son su prioridad, ya que es un convencido que las comodidades que le pueda reportar el dinero no le harán mejor maratonista. Eliud es fiel a sí mismo y por eso tiene una nota en su pared del autor brasileño Paulo Coelho, lo cual lo identifica: ‘Si usted quiere tener éxito, debe respetar una regla: Nunca se mienta a sí mismo’. Su entrenamiento se inicia a las 05:50 y más de una docena de jóvenes corren con él por los polvorientos caminos de Kaptagat, con la esperanza de tal vez emular lo que él es, un campeón”.

Meca de Campeones

Al igual que Kipchoge, grandes maratonistas como Wilson Kipsang, Lorence Kiplagat y Abel Kirui tienen su centro de operaciones en Iten. El nombre de este pueblo de unos pocos miles de habitantes es una derivación local de Hill Ten (“colina décima”), una formación rocosa situada a 800 metros de Iten que el explorador Joseph Thomson marcó como la colina número diez que había visitado en 1883.
Hay coincidencia en que esta aldea del Valle del Rift, emplazada a unos 2.500 metros sobre el nivel del mar, es punto neurálgico del atletismo de fondo a nivel mundial. Allí viven decenas de corredores de élite, y también un grupo mayor que no es tan bueno como Kipchoge y compañía, pero que en cualquier otro país sería parte de la selección nacional de las pruebas de larga distancia.
¿Qué tiene Iten que hace surgir o atrae a tanto fondista destacado? En primer lugar, por ser un lugar con una altura significativa pero no extrema permite entrenar en condiciones de hipoxia, o con un déficit de oxígeno en el ambiente. Así, el cuerpo crea más glóbulos rojos en la sangre para trasportar el O2, mejorando después de un periodo prolongado de preparación la resistencia de base, la capacidad de recuperación y la tolerancia a la fatiga.
Junto con lo anterior, Iten cuenta con la infraestructura deportiva y de alojamiento para recibir a corredores no solo keniatas, sino también de distintas latitudes del mundo. De hecho, cada vez más atletas, entrenadores, periodistas especializados y turistas en general visitan esta “fábrica” de récords para conocer sus secretos.
Aprovechando este boom, los lugareños han levantado cafeterías, tiendas de víveres, humildes restaurantes y pequeñas pensiones alrededor de los resorts para corredores, que se multiplican por doquier.
Pero no todo es comercio y ánimo de lucro en la región. Por ejemplo, la ONG Shoes 4 Africa reparte zapatillas usadas entre los pobres y realiza labores de ayuda humanitaria.

Varios Factores

Daniel Lieberman, investigador de la evolución humana de la Universidad de Harvard, es uno de los estudiosos que desde hace años trabaja para develar por qué los atletas de Iten son más rápidos que el resto. Respecto a las convicciones que se ha formado, reveló hace un tiempo a la revista colombiana Soho que la diferencia en estos deportistas no la marca solo el ADN, sosteniendo que “no se puede subestimar la importancia de lo duro que entrenan los corredores del este de África y el grado de motivación que tienen para ganar. Francamente, nadie sabe aún por qué los keniatas de Iten son los mejores corredores del mundo. Es, probablemente, una combinación de factores: las largas distancias que recorren a pie durante toda su vida, su disciplina estricta o que viven a gran altitud. Pero también influyen su cultura, genes y otros factores difíciles de medir y de evaluar”.
Por el contrario, a diferencia de otras opiniones, Lieberman afirma que no son decisivos en esta marcada superioridad aspectos como la economía de oxígeno, la forma de los músculos o el hecho que los keniatas caminen descalzos.
La gran pregunta sigue abierta.